Friday, November 11, 2005

Un sencillo homenaje a COIHUIN

( Este escrito para la revista, nació caminando entre los meandros, con la marea muy baja, a mucha distancia de la orilla en que se une río , caminos y mar...)

Texto escrito para ARTE AL LIMITE.
Domingo 29 de Mayo.

La arena fría metiéndose entre las uñas, mientras se escapan las navajuelas que logro sentir en las puntas entumecidas de los dedos.
Las percibo, entre los movimientos de la arena empapada, oscura que envuelve mi mano que gira tratando de sentir esa dureza suave que las estructura,… al tomarlas, debo hacerlo suavemente, pero aplicando una leve fuerza, ya que si no las atrapo con firmeza se escapan huyendo en su propia verticalidad. La atrapada debe ser fuerte, pero no demasiado, pues se rompen con facilidad. No poseen la dureza de las almejas, ni de los choritos. Que aquí en este lugar, son millones, praderas de ellos cubriendo la tierra oscura y húmeda generando una imagen dantesca que constriñe el pecho e invita a recoger el alma en una respetuosa serenidad; dicen los lugareños que no hay que comerlos, están asoleados… no sé a que se refieren, pero prefiero seguir sus costumbres, mas de alguna diarrea fulminante les habrá enseñado acerca del asoleo de choritos… y con la marea roja y el vibrión que azota sin piedad, dejando cesantes a muchos en estos parajes… es preferible dejar pasar el tema y comprarlos en Angelmó y así ayudar a las familias del mar a sobrevivir.
Dos almejas y ocho navajuelas atrapadas en los meandros, ese fue el resultado de mi pequeña cacería de domingo en que amaneció con un sol increíble entre temporales, que iluminaba cada milímetro de la caminata por la orilla del mar sin olas sobre rocas musgosas, verdes y resbalosas, en la baja marea… A varios kilómetros al sur de la casa en que se esconde mi taller, se encuentra un lugar muy especial… desde él, se observa la bajada de la carretera austral hacia los confines del país. Una aventura de horas, una caminata lenta que me aleja cada vez más de Santiago, en busca de los pequeños silencios y la frescura que aún quedan en el planeta, la croquera, carbones, brocha y goma, cámara de fotos, lente de larga vista que me sirve además de acercamiento cuando necesito capturar imágenes lejanas… y muchas ganas de estar tranquilo para ser testigo de lo que va ocurriendo visualmente frente a mis ojos. Es una de las condiciones que busco afanosamente mientras lejos de acá, la sensación del arte contemporáneo se come las neuronas de muchos artistas. El lento movimiento de las mareas, descubre para la mirada un escenario increíble, sinuoso, sensual que me recuerda los movimientos del Tai Chi. Lentamente, circular sin quiebres violentos, ondulando, sin detenciones, suavemente descubriendo el secreto oculto por el encuentro entre el agua salada y la dulce de la montaña.
¿Que es lo que intento hacer metido entre mareas, observando el recorrido mágico de las ondulaciones de tierra y agua?... Nada, solo estar tranquilo y lejos de quienes desean que la pintura desaparezca ya sea en su propia fomedad o en manos de quienes sin ser capaces de resistirla, la hacen desaparecer envuelta en una sola discriminación. Chile es un país de pintores y el paisaje ha sido un gran compañero a la hora de evaluar las condiciones existentes. Y eso es lo que hago en estos parajes, solo pintar, compartiendo un espacio de tiempo en una ínfima parte del planeta.
Por la ventana a mi izquierda, veo las luces tenues de Puerto Montt, percibo su aroma a madera de estufas y cocinas a leña, es el olor del afecto, del cariño entrañable y sin tiempo,… es una ciudad a medida… en tanto, por la hora, sé que la marea vuelve a bajar y a develar en su constancia, para las nubes, para las estrellas que aparecen a ratos entre la lluvia unos caminos muy especiales,… son los meandros que me trajeron a vivir este espacio de la tierra. El mar se recoge lentamente varios kilómetros desde el delta que se produce a la salida de un río que baja desde un volcán cercano. Lo que sucede ahí, se convierte en un silencio que nada puede reemplazar y al no haber olas pues el Seno del Reloncaví, encierra el mar en un enorme lago abierto y salado… solo los sonidos locales apagados logran hacer atmósfera, mezclados con los millones de colores limpios y cambiantes, reflejos plateados si es que las nubes son muy luminosas… Pardos si estas vienen convertidas en lluvias eternas. Lo que mas me llama la atención en este universo de meandros, es el silencio, la distancia, el espacio y el tiempo que se oculta de la mente y se camufla entre las ondulaciones, entre los canales que van quedando formados por el río y el mar que se reparten la geografía.
Ahora, de noche las islas al frente iluminan pequeños pueblos que dan forma humana a islotes flotantes y serenos… y nuevamente el silencio se viene envuelto en un mar oscuro y profundo solo dibujado por las anaranjadas luces de la ciudad, los villorrios y de algún barco que redibuja la oscuridad. Es el tiempo que transcurre, el universo se muestra en detalles… La vida gira lentamente invitando a serenar el alma. La pintura se ordena de otras formas, las habituales no sirven… obligan a desplegar una sensibilidad efímera que sea capaz de soltar un segundo para entrar en sintonía con otro completamente distinto. Pienso en las noches de ese Chamán que esperaba el movimiento de las horas para intentar comprender la razón última de la existencia… Pienso en él pintando con aceite animal y pigmentos naturales… Pienso en el desarrollo que ha tenido el planeta y en su colapso inevitable producto de la indiferencia de sus habitantes. Pienso en el ruido de las calles, versus el susurro de la marea sobre los granos de arena arrastrados por el agua, formando simultáneamente, infinidad de curvas eternas.
Sergio Lay para Arte al Límite.
Mayo de 2005.

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