Friday, November 11, 2005

"De la pintura primitiva a un espacio de Arte"...



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Escrito para ARTE AL LIMITE. Revista de arte.

“Contemplar es sostener la mirada hasta reconocer en los objetos la mirada de otro que nos interroga”...
Eulalia Bosch.

Pintar es un acto, una manifestación que existe desde hace millones de años, desde el día en que apareció por primera vez en esta tierra la singular necesidad de atrapar imágenes. Se ha dicho tanto sobre la pintura... en tantos lenguajes y épocas diferentes... Sin embargo qué se puede decir que agregue alguna nota de sorpresa, adherido al recuerdo y no se diluya como tanta historia se ha desvanecido. Cerremos los ojos y viajemos al desierto de Atacama. Una terraza de piedra natural, ubicada en una quebrada protegida de un lugar llamado Chillaiza. A diez metros de altura, en un desfiladero de piedras por donde baja con furia un río formado por el invierno Boliviano, se pueden ver hermosas pictografías hechas hace más o menos cinco mil años. Pequeñas manchas que muestran camélidos que hasta el día de hoy pastan malezas, silenciosos en los cerros de alrededor. Algunas escenas de caza, guerreros con lanzas y la imagen cálida de los Chamanes. Aquellos que preservaban para los demás secretos que contribuían a mejorar en esencia la vida y superar los temores frente a lo desconocido.
El desfiladero es una especie de museo natural... encargado de preservar escenas de caza pintadas con jugos de raíces machacadas, tierras de color trituradas y mezcladas con aceites que extraían de los animales atrapados para ser convertidos en alimento y vestuario.
Solo el sonido del viento recorre el lugar mágico tan bien protegido… del viento y de cualquier fuerza que atente contra ese mágico lugar. En muchos lugares del planeta existen estos lugares sagrados, santuarios naturales donde el hombre primitivo fue dejando rastros de su paso y sus primarias reflexiones… Desearía entrar más en el tema de las pictografías y volar a lugares en África o de Europa, con miles de grabados y pinturas hechos hace miles de años y gracias a los cuales sabemos que existió no solo vida, sino que además una estructura sensible de pensamiento. Pero me quedaré mejor en la quebrada ululante y fresca... Aquel Chamán que pintó las pictografías, las situó en un lugar demasiado preciso, de la misma manera que ubicó los geoglífos y los petroglifos en aquellos montículos siempre resguardados de la acción del viento y que servían de carreteras para las expediciones que constantemente transportaban alimentos y objetos de intercambio… Preservar… esa era la idea principal, una clave chamánica que aún persiste. El pintor preserva sus percepciones, la poesía de su mirada y el coleccionista preserva aquello diseñado por los artistas.

Para que la pintura y el arte en general existan, se necesitan espacios que acojan los diferentes lenguajes bajo ciertas condiciones y que se mantengan intactos para las generaciones presentes y las futuras, pero también de personas que los visiten y señalen con sus dedos la interrogación que emana de las obras y que les nutre la existencia. Y para ser estudiadas y admiradas consiguiendo así verificar las evoluciones e intentar ser mejores seres humanos y más tolerantes frente a la vida. Tomar conciencia de que las cosas se extinguen y que se deben preservar es realmente trascendente.
Lo que desaparece no da cuenta… Y lo que no da cuenta va en demérito de nuestra raza… y nos conduce directamente a la extinción. El hombre primitivo ya lo había comprendido y preservaba las pinturas en los desfiladeros o en donde no fueran castigadas por el viento. Actualmente los museos y las galerías son los espacios en donde se protegen las artes visuales que el hombre utiliza para comunicar aquello que no consigue hacer de otra manera… Pero si no se comunican con las herramientas adecuadas, solo queda toda esa información relegada a los pocos que la practican. Extender es la forma, entregar, llevar la información en revistas especializadas, en periódicos adecuados y en publicidad específica... Decirle a la gente a diario que sus museos esperan, que son gratos, que son frescos y que las galerías, las habitan no solo quienes compran obras... Que los pasos de cebra, son pasos de humanos y que el director del museo o de la galería es una persona común muy semejante a usted o yo, solo que tiene un rol distinto que es el de hacer de puente entre los artistas y los que deben sostener la mirada hasta reconocer en los objetos la mirada del otro que los interroga.

Para Arte al Límite
Sergio Lay. 2005.

Un sencillo homenaje a COIHUIN

( Este escrito para la revista, nació caminando entre los meandros, con la marea muy baja, a mucha distancia de la orilla en que se une río , caminos y mar...)

Texto escrito para ARTE AL LIMITE.
Domingo 29 de Mayo.

La arena fría metiéndose entre las uñas, mientras se escapan las navajuelas que logro sentir en las puntas entumecidas de los dedos.
Las percibo, entre los movimientos de la arena empapada, oscura que envuelve mi mano que gira tratando de sentir esa dureza suave que las estructura,… al tomarlas, debo hacerlo suavemente, pero aplicando una leve fuerza, ya que si no las atrapo con firmeza se escapan huyendo en su propia verticalidad. La atrapada debe ser fuerte, pero no demasiado, pues se rompen con facilidad. No poseen la dureza de las almejas, ni de los choritos. Que aquí en este lugar, son millones, praderas de ellos cubriendo la tierra oscura y húmeda generando una imagen dantesca que constriñe el pecho e invita a recoger el alma en una respetuosa serenidad; dicen los lugareños que no hay que comerlos, están asoleados… no sé a que se refieren, pero prefiero seguir sus costumbres, mas de alguna diarrea fulminante les habrá enseñado acerca del asoleo de choritos… y con la marea roja y el vibrión que azota sin piedad, dejando cesantes a muchos en estos parajes… es preferible dejar pasar el tema y comprarlos en Angelmó y así ayudar a las familias del mar a sobrevivir.
Dos almejas y ocho navajuelas atrapadas en los meandros, ese fue el resultado de mi pequeña cacería de domingo en que amaneció con un sol increíble entre temporales, que iluminaba cada milímetro de la caminata por la orilla del mar sin olas sobre rocas musgosas, verdes y resbalosas, en la baja marea… A varios kilómetros al sur de la casa en que se esconde mi taller, se encuentra un lugar muy especial… desde él, se observa la bajada de la carretera austral hacia los confines del país. Una aventura de horas, una caminata lenta que me aleja cada vez más de Santiago, en busca de los pequeños silencios y la frescura que aún quedan en el planeta, la croquera, carbones, brocha y goma, cámara de fotos, lente de larga vista que me sirve además de acercamiento cuando necesito capturar imágenes lejanas… y muchas ganas de estar tranquilo para ser testigo de lo que va ocurriendo visualmente frente a mis ojos. Es una de las condiciones que busco afanosamente mientras lejos de acá, la sensación del arte contemporáneo se come las neuronas de muchos artistas. El lento movimiento de las mareas, descubre para la mirada un escenario increíble, sinuoso, sensual que me recuerda los movimientos del Tai Chi. Lentamente, circular sin quiebres violentos, ondulando, sin detenciones, suavemente descubriendo el secreto oculto por el encuentro entre el agua salada y la dulce de la montaña.
¿Que es lo que intento hacer metido entre mareas, observando el recorrido mágico de las ondulaciones de tierra y agua?... Nada, solo estar tranquilo y lejos de quienes desean que la pintura desaparezca ya sea en su propia fomedad o en manos de quienes sin ser capaces de resistirla, la hacen desaparecer envuelta en una sola discriminación. Chile es un país de pintores y el paisaje ha sido un gran compañero a la hora de evaluar las condiciones existentes. Y eso es lo que hago en estos parajes, solo pintar, compartiendo un espacio de tiempo en una ínfima parte del planeta.
Por la ventana a mi izquierda, veo las luces tenues de Puerto Montt, percibo su aroma a madera de estufas y cocinas a leña, es el olor del afecto, del cariño entrañable y sin tiempo,… es una ciudad a medida… en tanto, por la hora, sé que la marea vuelve a bajar y a develar en su constancia, para las nubes, para las estrellas que aparecen a ratos entre la lluvia unos caminos muy especiales,… son los meandros que me trajeron a vivir este espacio de la tierra. El mar se recoge lentamente varios kilómetros desde el delta que se produce a la salida de un río que baja desde un volcán cercano. Lo que sucede ahí, se convierte en un silencio que nada puede reemplazar y al no haber olas pues el Seno del Reloncaví, encierra el mar en un enorme lago abierto y salado… solo los sonidos locales apagados logran hacer atmósfera, mezclados con los millones de colores limpios y cambiantes, reflejos plateados si es que las nubes son muy luminosas… Pardos si estas vienen convertidas en lluvias eternas. Lo que mas me llama la atención en este universo de meandros, es el silencio, la distancia, el espacio y el tiempo que se oculta de la mente y se camufla entre las ondulaciones, entre los canales que van quedando formados por el río y el mar que se reparten la geografía.
Ahora, de noche las islas al frente iluminan pequeños pueblos que dan forma humana a islotes flotantes y serenos… y nuevamente el silencio se viene envuelto en un mar oscuro y profundo solo dibujado por las anaranjadas luces de la ciudad, los villorrios y de algún barco que redibuja la oscuridad. Es el tiempo que transcurre, el universo se muestra en detalles… La vida gira lentamente invitando a serenar el alma. La pintura se ordena de otras formas, las habituales no sirven… obligan a desplegar una sensibilidad efímera que sea capaz de soltar un segundo para entrar en sintonía con otro completamente distinto. Pienso en las noches de ese Chamán que esperaba el movimiento de las horas para intentar comprender la razón última de la existencia… Pienso en él pintando con aceite animal y pigmentos naturales… Pienso en el desarrollo que ha tenido el planeta y en su colapso inevitable producto de la indiferencia de sus habitantes. Pienso en el ruido de las calles, versus el susurro de la marea sobre los granos de arena arrastrados por el agua, formando simultáneamente, infinidad de curvas eternas.
Sergio Lay para Arte al Límite.
Mayo de 2005.